

Caracteristicas. El juego fue presentado en distintas ferias en verano de 2008, donde se confirmaron las siguientes características:4 5

Cuando todavía las aguas no estaban controladas y los ríos en su desborde arrasaban los campos, la diosa madre procreó benéficos descendientes que terminaron ordenando ese caos diluvial.
Trabajando en el control de los ríos, de los lagos, del mar y de las nubes, los brillantes dragones navegaron por las aguas y el cielo. Con zarpas de tigre y garras de águila, rasgaban con estruendo las cortinas de lo alto que chispeando ante el descomunal embate dejaban en libertad a las lluvias.
Ellos dieron cauce a los ríos, contención a los lagos y profundidad a los mares. Hicieron cavernas de las que brotaba el agua y por conductos subterráneos las llevaron muy lejos para que surgieran de pronto, sin que el asalto abrasador del sol las detuviera.
Trazaron las líneas que se ven en las montañas para que la energía de la tierra fluyera, equilibrando la salud de ese cuerpo gigantesco. Y muy frecuentemente tuvieron que luchar con las obstrucciones que provocaban los dioses y los hombres ocupados en sus irresponsables afanes.
De sus fauces brotaba como un humo la niebla, vivificante y húmeda, creadora de mundos irreales. Con sus escamosos cuerpos serpentinos cortaban las tempestades y dividían los tifones. Con sus poderosos cuernos; con sus afilados dientes, ningún obstáculo era suficiente, ningún enredo podía permanecer.
Y gustaban de aparecerse a los mortales. A veces en los sueños, a veces en las grutas, a veces en el borde de los lagos, porque en éstos solían tener sus escondidas moradas de cristal en las que bellos jardines se ornaban con frutos destellantes y con las piedras más preciosas.
Pero el Long ama al Feng, al ave Fénix que concentra el germen de las cosas, que contrae aquello que el Long estira. Y cuando el Long y el Feng se equilibran el Tao resplandece como una perla bañada en la luz más pura.
No lucha el Long con el Feng porque se aman, se buscan haciendo resplandecer la perla. Por ello, el sabio arregla su vida conforme al equilibrio entre el Dragón y el Fénix que son las imágenes de los sagrados principios del Yang y el Ying.
El sabio se emplaza en el lugar vacío buscando el equilibrio. El sabio comprende que la no-acción genera la acción y que la acción genera la no-acción. Que el corazón de los vivientes y las aguas del mar, que el día y la noche, que el invierno y el verano, se suceden en el ritmo que para ellos marca el Tao.
Al fin de esta edad, cuando el universo haya llegado a su gran estiramiento, volverá a contraerse como piedra que cae. Todo, hasta el tiempo, se invertirá volviendo al principio. El Dragón y el Fénix se reencontrarán. El Yang y el Ying se compenetrarán, y será tan grande su atracción que absorberán todo en el germen vacío del Tao. El cielo es alto, la tierra es baja; con esto están determinados lo creativo y lo receptivo… con esto se revelan los cambios y las transformaciones.
-Os doy todo mi oro y toda mi plata y hasta la mitad de mi reino si hacéis una excepción con mi hija. Yo no puedo soportar que muera con semejante género de muerte. El pueblo, indignado, replicó: -No aceptamos. Tú fuiste quien propusiste que las cosas se hicieran de esta manera. A causa de tu proposición nosotros hemos perdido a nuestros hijos, y ahora, porque le ha llegado el turno a la tuya, pretendes modificar tu anterior propuesta. No pasamos por ello. Si tu hija no es arrojada al lago para que coma el dragón como lo han sido hasta hoy tantísimas otras personas, te quemaremos vivo y prenderemos fuego a tu casa. En vista de tal actitud el rey comenzó a dar alaridos de dolor y a decir: -¡Ay, infeliz de mí! ¡Oh, dulcísima hija mía! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo alegar? ¡Ya no te veré casada, como era mi deseo! Después, dirigiéndose a sus ciudadanos les suplicó: -Aplazad por ocho días el sacrificio de mi hija, para que pueda durante ellos llorar esta desgracia. El pueblo accedió a esta petición; pero, pasados los ocho días del plazo, la gente de la ciudad trató de exigir al rey que les entregara a su hija para arrojarla al lago, y clamando, enfurecidos, ante su palacio decían a gritos: -¿Es que estás dispuesto a que todos perezcamos con tal de salvar a tu hija? ¿No ves que vamos a morir infestados por el hedor del dragón que está detrás de la muralla reclamando su comida? Convencido el rey de que no podría salvar a su hija, la vistió con ricas y suntuosas galas y abrazándola y bañándola con sus lágrimas, decía: -¡Ay, hija mía queridísima! Creía que ibas a darme larga descendencia, y he aquí que en lugar de eso vas a ser engullida por esa bestia. ¡Ay, dulcísima hija! Pensaba invitar a tu boda a todos los príncipes de la región y adornar el palacio con margaritas y hacer que resonaran en él músicas de órganos y timbales. Y ¿qué es lo que me espera? Verte devorada por ese dragón. ¡Ojalá, hija mía, -le repetía mientras la besaba- pudiera yo morir antes que perderte de esta manera! La doncella se postró ante su padre y le rogó que la bendijera antes de emprender aquel funesto viaje. Vertiendo torrentes de lágrimas, el rey la bendijo; tras esto, la joven salió de la ciudad y se dirigió hacia el lago. Cuando llorando caminaba a cumplir su destino, san Jorge se encontró casualmente con ella y, al verla tan afligida, le preguntó la causa de que derramara tan copiosas lágrimas. La doncella le contestó: -¡Oh buen joven! ¡No te detengas! Sube a tu caballo y huye a toda prisa, porque si no también a ti te alcanzará la muerte que a mí me aguarda. -No temas, hija –repuso san Jorge-; cuéntame lo que te pasa y dime qué hace allí aquel grupo de gente que parece estar asistiendo a algún espectáculo. -Paréceme, piadoso joven –le dijo la doncella- que tienes un corazón magnánimo. Pero, ¿es que deseas morir conmigo? ¡Hazme caso y huye cuanto antes! El santo insistió: -No me moveré de aquí hasta que no me hayas contado lo que te sucede. La muchacha le explicó su caso, y cuando terminó su relato, Jorge le dijo: -¡Hija, no tengas miedo! En el nombre de Cristo yo te ayudaré. -¡Gracias, valeroso soldado! –replicó ella- pero te repito que te pongas inmediatamente a salvo si no quieres perecer conmigo. No podrás librarme de la muerte que me espera, porque si lo intentaras morirías tú también; ya que yo no tengo remedio, sálvate tú. Durante el diálogo precedente el dragón sacó la cabeza de debajo de las aguas, nadó hasta la orilla del lago, salió a tierra y empezó a avanzar hacia ellos. Entonces la doncella, al ver que el monstruo se acercaba, aterrorizada, gritó a Jorge: -¡Huye! ¡huye a toda prisa, buen hombre! Jorge, de un salto, se acomodó en su caballo, se santiguó, se encomendó a Dios, enristró su lanza, y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, se dirigió hacia la bestia a toda carrera, y cuando la tuvo a su alcance hundió en su cuerpo el arma y la hirió. Acto seguido echó pie a tierra y dijo a la joven: -Quítate el cinturón y sujeta con él al monstruo por el pescuezo. No temas, hija; haz lo que te digo. Una vez que la joven hubo amarrado al dragón de la manera que Jorge le dijo, tomó el extremo del ceñidor como si fuera un ramal y comenzó a caminar hacia la ciudad llevando tras de sí al dragón que la seguía como si fuese un perrillo faldero. Cuando llegó a la puerta de la muralla, el público que allí estaba congregado, al ver que la doncella traía a la bestia, comenzó a huir hacia los montes dando gritos y diciendo: -¡Ay de nosotros! ¡Ahora sí que pereceremos todos sin remedio! San Jorge trató de detenerlos y de tranquilizarlos. -¡No tengáis miedo! –les decía-. Dios me ha traído hasta esta ciudad para libraros de este monstruo. ¡Creed en Cristo y bautizaos! ¡Ya veréis cómo yo mato a esta bestia en cuanto todos hayáis recibido el bautismo! Rey y pueblo se convirtieron y, cuando todos los habitantes de la ciudad hubieron recibido el bautismo San Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, cuyo cuerpo, arrastrado por cuatro parejas de bueyes, fue sacado de la población amurallada y llevado hasta un campo muy extenso que había a considerable distancia. Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. El rey, agradecido, hizo construir una iglesia enorme, dedicada a Santa María y a San Jorge. Por cierto que al pie del altar de la citada iglesia comenzó a manar una fuente muy abundante de agua tan milagrosa que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados de cualquier dolencia que les aquejase.

Igualmente, el rey ofreció a Jorge una inmensa cantidad de dinero que el santo no aceptó, aunque sí rogó al monarca que distribuyese la fabulosa suma entre los pobres.
Hace muchísimo tiempo, en un país muy lejano, un enorme dragón se instaló en una cueva sin consultar con nadie. Al principio todo fue felicidad. Se levantaba con el crepúsculo y en las primeras horas de la noche quemaba dos o tres graneros, destruía varios cultivos y se comía una docena de cabras.
Al enterarse el rey, lejos de preocuparse por el contrario se sintió orgulloso: «No todos los reinos tienen un dragón», pensó feliz el soberano. Por su parte la reina se encariñó enseguida con el animalito y justificó todas sus tropelías.
Pero el tiempo pasó y los destrozos siguieron. Pronto la crisis llegó a palacio. La reina no pudo bañarse más con leche de cabra y la posición de los soberanos cambió de inmediato: «No en todos los reinos se ha matado un dragón», pensó complacido el rey.
Enseguida se publicó un bando que anunciaba la recompensa para aquel que trajera la cabeza del dragón. Impulsados por la fama y las riquezas seis mozos fueron devorados en la cueva.
Pasaron varias semanas y nadie más se atrevió a desafiarlo. Los destrozos continuaron. La piel de la reina se arrugaba y la economía de palacio estaba cada vez más afectada.
El rey triplicó la oferta y otros seis mozos sirvieron de almuerzo. Las cabras comenzaban a escasear, el dragón veía de muy buen grado estos envíos y redobló sus esfuerzos por conseguirlos.
Era la ruina, la hambruna se extendió por el reino. Ante la disyuntiva de perderlo todo el rey ofreció construir un castillo para aquel que matara al dragón. Esta vez fueron diez los mozos que impulsados por la ambición de fama y riqueza calmaron el apetito de la bestia.
Sumido en la desesperación y como último recurso el rey apeló a su más preciado tesoro:
—¡Mi amo! ¡Mi amo! Su majestad el rey ha publicado un bando ofreciendo la mano de su hija a quien mate al dragón.
—La mano de la princesa Lorena. ¡La heredera del trono!
—¡Así es mi amo, así es!
—¡¡Cállate imbécil!!, que estoy pensando
Después de haber descargado su furia sobre la cabeza de Andro, Jendry caminó más pensativo aún. Poco a poco sus ojos se iluminaban soñando con las riquezas que el destino le ofrecía. De repente una mueca se asomó a su rostro.
—Vamos Andro, levántate que no fue para tanto. A ver dime, ¿es verdad que ese dragón se ha comido a más de veinte mozos?
—Es verdad mi amo, pero eran todos unos pobres campesinos. Tú en cambio eres el hombre más fuerte del reino.
Jendry otra vez quedó mudo y pensativo. Una vez que matara al dragón sería el heredero al trono: «Tendré más de cien lacayos y comeré venado todos los días».
—Andro prepáralo todo, voy a matar al dragón.
A la mañana siguiente partieron bien temprano. Jendry con armadura, espada y escudo, sobre el caballo blanco. Andro con una botija de piel y dos antorchas sobre un burro. Cabalgaron todo el día. Jendry soñaba con ser rey: «Cobraré impuestos, conquistaré pueblos, tendré el harén más grande del mundo».
Al caer la tarde llegaron a la entrada de la cueva. Andro destapó la botija.
—Jendry, ayer fui a ver al viejo mago de la montaña y le conté tu empresa de salvar al reino. El viejo mago me dio esta poción mágica y me dijo: «Que se la tome el valiente antes de combatir y el dragón morirá».
Jendry que sin dudas era un mozo valiente, se tomó los tres litros de la poción mágica. Ahora se sentía invencible. Andro ya tenía una antorcha encendida para que él entrara a la cueva. Jendry la tomó y entró.
Por el olor el dragón sintió enseguida la presencia del intruso. Era la hora del crepúsculo y su estómago estaba vacío. Lanzó una bola de candela para cocinar su desayuno. Jendry puso rápido el escudo, alzó la espada y el dragón se lo tragó.
Toda la noche la pasó Andro durmiendo cerca de la cueva. Al amanecer preparó la otra antorcha y entró. Guiado por las huellas de Jendry encontró la espada y el escudo. Muy cerca estaba el dragón. Agarró fuerte la espada y de un tajo le cortó la cabeza.
Sobre el caballo blanco Andro llegó al castillo. La boda fue por todo lo alto. Andro era muybuen mozo y la princesa se sintió a gusto. Todo el mundo quería conocer al héroe del reino.
Andro y la princesa vivieron muy felices y tuvieron muchos hijos. Una vez que el anciano rey murió, gobernaron juntos con justicia y sabiduría. La fama del matador de dragones se extendió por todo el país y ningún otro animalito se atrevió a instalarse en sus predios. Y nunca más fue necesario molestar al viejo mago de la montaña para que preparara otra poción mágica de «Veneno para dragón».
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Desde luego, no deberá sorprendernos la simple solución de los arqueólogos para el “dragón que escupe fuego”. De hecho, otro buen ejemplo en este sentido ya lo habían dado los glosadores bíblicos, para quienes el Leviatán, aquel supuesto monstruo del caos primitivo, era también, ¡cómo no!, un cocodrilo…
Vale la pena recordar ahora cómo se lo describe en la Biblia, en Job 41:
(6) “Su cuerpo es como los escudos fundidos de bronce y está apiñado de escamas entre sí apretadas”.

Nahuas (Si bien los nahuas son un grupo étnico, su cultura influenció a los pueblos adyacentes, particularmente a los que adoptaron su lengua como los chichimecas que se asentaron en el Valle y se convirtieron más tarde en mexicas, pero estas categorías de dragones eran reconocidas por la mayoría de las culturas nativas del Valle de México)
Ehecoatl -- Serpiente de viento. Decían los antiguos nahuas que el dragón de viento barría con su aliento la tierra preparándola para recibir el regalo del agua divina, de esta manera se explicaban el viento que sopla anunciando la inimnente lluvia por caer.
Mazacoatl -- Serpiente venado. Este tipo de serpientes son viciosas, mitad venado mitad serpiente, es un ser que disfruta al seducir a los mortales para después devorarlos. Desempeña un papel similar al de las sirenas o las arpías de la mitología griega.
Ocelocoatl-- Serpiente Jaguar. La serpiente tigre tiene la mitad anterior del cuerpo como el de un jaguar y de la cintura a la punta de la cola tiene el cuerpo de una serpiente. Esta serpiente simboliza la tierra (Jaguar) y el agua (serpiente) en relación dependientes la una de la otra.
Quetzalcóatl -- Serpiente preciosa. La traducción literal anteriormente usada de ‘serpiente emplumada’ ha ido cambiando conforme a nuevos hallazgos e interpretaciones de las culturas nahuas.













